Cómo perder el norte (de una vez): Algunas notas sobre el enfoque decolonial
El conocimiento y la forma en que éste se produce es uno de los ejes fundamentales de la crítica filosófica contemporánea. Durante siglos, las concepciones y las metodologías dominantes en el ámbito académico, científico y cultural han sido definidas por una perspectiva eurocéntrica, que se erige como la única válida para interpretar el mundo. Este conocimiento ha sido, en gran medida, construido a través de la historia colonial, donde las
perspectivas, los saberes y las culturas no occidentales fueron sistemáticamente deslegitimadas y sometidas a la hegemonía de los valores y marcos de referencia europeos. En este contexto, el enfoque decolonial surge como una respuesta crítica y transformadora, con el objetivo de cuestionar y desmantelar la supremacía del pensamiento eurocéntrico y restituir las epistemologías marginalizadas y silenciadas.

El origen del conocimiento eurocéntrico
El conocimiento eurocéntrico se refiere a una tradición epistemológica que sitúa a Europa, y en particular a sus principios filosóficos, científicos y culturales, en el centro de la comprensión del mundo. Este enfoque se ha legitimado a lo largo de los siglos a través de las estructuras de poder coloniales, que no solo se extendieron físicamente por todo el planeta, sino que también impusieron una visión del mundo que validaba las formas de conocimiento y las prácticas propias de las potencias coloniales mientras ignoraba o marginalizaba las de las colonias.
El siglo XVI fue el momento histórico en el que comenzó a consolidarse la supremacía europea en términos intelectuales. Los grandes descubrimientos geográficos y el colonialismo europeo no solo transformaron
el mapa político y geográfico del mundo, sino que también cimentaron una estructura epistemológica en la que el pensamiento europeo se convirtió en el referente universal. La historia de la ciencia, de la filosofía y del conocimiento se escribió desde una perspectiva eurocéntrica, que no solo excluyó las formas de conocimiento de los pueblos colonizados, sino que las consideró inferiores o primitivas.
Durante este proceso, los saberes indígenas, las cosmovisiones africanas, las filosofías asiáticas y los conocimientos ancestrales de América Latina y el Caribe fueron descalificados, y sus métodos y entendimientos del mundo fueron sistemáticamente desplazados en favor de una racionalidad centrada en el Occidente europeo. Esta epistemología dominante no solo estructuró la producción de conocimiento, sino también las relaciones de poder, justificando la explotación y la opresión de los pueblos colonizados.
El giro decolonial: orígenes y objetivos
El enfoque decolonial, como corriente filosófica, nace como una respuesta crítica a esta historia de subyugación intelectual. Aunque se puede rastrear sus raíces en diversas tradiciones filosóficas y movimientos históricos, el giro decolonial contemporáneo tiene sus orígenes en América Latina, donde intelectuales como Aníbal Quijano, Walter Mignolo y María Lugones jugaron un papel crucial en el desarrollo de esta crítica al conocimiento eurocéntrico. Este enfoque cuestiona las estructuras de conocimiento establecidas, poniendo en evidencia la imposición del pensamiento occidental sobre otras formas de saberes y prácticas.
El concepto de "colonialidad del saber" propuesto por Quijano, uno de los pilares del enfoque decolonial, señala cómo el conocimiento no solo ha sido colonizado, sino que también se ha utilizado como herramienta para
perpetuar las jerarquías de poder. Según Quijano, la colonialidad del saber es un proceso en el que las epistemologías europeas se imponen sobre los pueblos colonizados, desconociendo sus propios saberes y formas de conocimiento. Esto produce una "subordinación epistémica" que sigue vigente en la actualidad, incluso después del fin formal de los imperios coloniales.
El enfoque decolonial se propone desafiar esta estructura epistémica al reconocer las formas de conocimiento que han sido históricamente marginalizadas, promoviendo una visión más plural e inclusiva. A través de esta crítica, los filósofos decoloniales abogan por una epistemología del sur, una que valore los saberes ancestrales, los conocimientos indígenas, las cosmovisiones africanas y las prácticas de los pueblos no occidentales, no como un objeto de estudio, sino como una fuente legítima de conocimiento en pie de igualdad con las epistemologías occidentales.
La crítica a la universalidad del conocimiento eurocéntrico
Una de las principales críticas del enfoque decolonial al conocimiento eurocéntrico es la noción de "universalidad". El conocimiento producido por Europa, especialmente desde la modernidad, ha sido presentado como universal, como la única forma válida de comprender la realidad, el ser humano y el cosmos. Esta universalidad no solo niega la validez de otros saberes, sino que también excluye activamente las formas de conocimiento que no encajan en sus parámetros.
Desde una perspectiva decolonial, esta pretensión de universalidad es una falacia que oculta los intereses políticos y económicos que la sustentan. El conocimiento eurocéntrico se presenta como objetivo y neutral, pero en realidad está profundamente imbricado con las relaciones de poder. Al imponer una forma de ver el mundo como "universal", el conocimiento
occidental refuerza la supremacía de las potencias coloniales y despoja a los pueblos colonizados de su capacidad para producir conocimiento y autorrepresentarse.
En Historias locales / diseños globales (Akal, 2003), el semiólogo argentino Walter Mignolo señala que la universalidad del conocimiento eurocéntrico esconde la imposición de un sistema de conocimiento que está intrínsecamente vinculado al colonialismo. El conocimiento occidental se presenta como el modelo de racionalidad más avanzado, pero su historia está marcada por el despojo, la violencia y la exclusión de otras formas de saber. Según Mignolo, la verdadera decolonización del saber pasa por el reconocimiento de que no existe una sola forma de conocer, sino una multiplicidad de enfoques que deben ser igualmente valorados y comprendidos.
La epistemología del sur: un enfoque plural y situado
El concepto de "epistemología del sur" es una de las principales aportaciones del enfoque decolonial. Esta propuesta parte de la premisa de que el conocimiento debe ser considerado desde las realidades y perspectivas de los pueblos del sur global, es decir, de aquellos que han sido históricamente colonizados y desposeídos de su capacidad de producir conocimiento.
La epistemología del sur desafía la idea de que el conocimiento debe ser universal y abstracto, proponiendo en su lugar un enfoque situado, que reconozca que los saberes están profundamente marcados por los contextos sociales, culturales y geográficos en los que se producen. Este enfoque no niega la existencia de una ciencia y una filosofía occidentales, pero sí subraya que estas no son las únicas formas de saber válidas. En lugar de imponer una
única visión del mundo, se aboga por un reconocimiento de la pluralidad de las epistemologías, un espacio de diálogo intercultural en el que los saberes indígenas, africanos, asiáticos y de otras regiones del mundo sean igualmente valorados.
Pensadores como Boaventura de Sousa Santos han sido fundamentales en el desarrollo de la epistemología del sur. En El fin del imperio cognitivo. La afirmación de las epistemologías del Sur (Trotta, 2022), el sociólogo portugués argumenta que el conocimiento de los pueblos colonizados debe ser revalorizado, no como una forma de "reducir" la ciencia moderna, sino como una manera de enriquecerla y complejizarla. Sousa Santos subraya la necesidad de transformar la estructura del conocimiento para que sea inclusivo y multidimensional, incorporando los saberes que han sido históricamente excluidos y silenciados.
La importancia de las epistemologías indígenas y las cosmovisiones no occidentales
Un aspecto crucial del enfoque decolonial es la valorización de las epistemologías indígenas, que han sido descalificadas y desplazadas por el conocimiento eurocéntrico. Las cosmovisiones indígenas no solo ofrecen una visión del mundo que integra lo espiritual, lo social y lo natural de una manera holística, sino que también proponen metodologías de conocimiento que se basan en la experiencia directa, el cuidado de la tierra y la interconexión entre todos los seres vivos.
Estas epistemologías se desarrollan a través de prácticas comunitarias, rituales y narrativas que han sido transmitidas oralmente de generación en
generación. El conocimiento indígena, lejos de estar aislado en una esfera mística o primitiva, tiene una profunda sabiduría práctica y ecológica que responde a las necesidades y desafíos contemporáneos. En un contexto global de crisis ecológica, los saberes ancestrales pueden ofrecer una valiosa perspectiva sobre la sostenibilidad y la relación armónica con la naturaleza.
Además de las epistemologías indígenas, el enfoque decolonial también busca recuperar otras formas de conocimiento que han sido sistemáticamente silenciadas. Las cosmovisiones africanas, las filosofías asiáticas y los saberes de los pueblos de Oceanía y el Pacífico han sido históricamente marginados, pero en la actualidad se está reconociendo su valor y su contribución al entendimiento global del mundo.
El desafío de la práctica decolonial
La decolonización del saber no solo es una cuestión filosófica, sino también política y práctica. El desafío de la práctica decolonial implica transformar las estructuras de conocimiento que siguen reproduciendo la lógica colonial. Esto implica, entre otras cosas, reformar las universidades y las instituciones académicas, que han sido tradicionalmente espacios dominados por epistemologías eurocéntricas. La transformación también implica un cambio en las formas de enseñanza, en las metodologías de investigación y en los contenidos de los programas académicos. Las ciencias sociales, las humanidades y las ciencias naturales deben incorporar de manera crítica las epistemologías no occidentales, favoreciendo la interdisciplinariedad y el diálogo intercultural. Además, los académicos y activistas decoloniales señalan la importancia de reconocer y revalorar los conocimientos producidos en los movimientos sociales, en las luchas por la justicia social, y en los procesos de resistencia de los pueblos colonizados.
El enfoque decolonial y la crítica al conocimiento eurocéntrico son fundamentales para la transformación de las estructuras de poder que siguen configurando el panorama global. A través de la valorización de las epistemologías marginalizadas y el cuestionamiento de la pretensión de universalidad del conocimiento occidental, el pensamiento decolonial ofrece una visión más plural, inclusiva y transformadora del mundo. En lugar de imponer una única verdad, el enfoque decolonial aboga por una multiplicidad de voces, saberes y prácticas que contribuyan al entendimiento global del ser humano y su relación con el cosmos. La decolonización del saber no es solo una tarea filosófica, sino una práctica política y cultural que busca construir un mundo más justo y equitativo para todos.
© ANA SOFÍA SEPÚLVEDA